sábado, 2 de junio de 2012

ENSALADA DE ARROZ

El arroz es aconsejable tomarlo, según algunos estudios realizados, de 2 a 3 veces por semana ya que contribuye a controlar la hipertensión por su bajo contenido en sodio. La cáscara del arroz contiene además de fibra, la capacidad de reducir el colesterol, por lo que se recomienda el consumo de arroz integral. Además es un alimento sin gluten, por lo que es particularmente indicado para personas celíacas. Es especialmente indicado para quienes necesiten un aporte extra de energía, deportistas, estudiantes, etc.
La ensalada de arroz es una de las ensaladas más refrescantes y ligeras en estos días de calor en las tierras del Sur; ni la ensalada de pasta ni por supuesto la ensaladilla rusa, pueden compararse con la ensalada de arroz a nivel de frescor, ligereza y también a nivel calórico.
Esta receta es de lo más fácil y básica y acepta tantas combinaciones como tu imaginación te permita. Tardarás en prepararla el tiempo de cocer el arroz y la podrás preparar con antelación, dejándola en el frigorífico hasta el momento de consumirla.

Ingredientes:
300 gr de arroz basmati
100 gr de lechuga
un trozo de cebolla
1 zanahoria grande
1 tomate grande de ensalada
2 cucharadas grandes de maíz dulce
2 lonchas gruesas de queso semicurado
1 lata de atún natural
12 aceitunas sin hueso (rellenas según gusto)
vinagre
orégano
sal
aceite de oliva virgen extra
agua (para hervir el arroz)

Elaboración:
Pon en una olla agua a calentar y cuando esté hirviendo echa el arroz y media cuchara de postre con sal. Mira en el paquete cuanto tiempo tarda la cocción. El arroz basmati estará en unos 20 minutos (de todas formas debes estar atento y no dejarlo demasiado tierno).

Mientras se cuece el arroz pelamos la zanahoria y el tomate. Corta la zanahoria en láminas finas y trocéalas; el tomate, córtalo a taquitos finos y haz lo mismo con la cebolla y el queso.

Lava la lechuga, escúrrela bien y córtala en juliana (en tiras finas no demasiado largas). Pica la mitad de las aceitunas.

Escurre el atún y ponlo en una fuente junto con todas las verduras (incluido el maíz), el queso y las aceitunas.

Cuando esté cocido el arroz, escúrrelo y enjuaga bajo el grifo con abundante agua. Vuelve a escurrir bien y échale un chorrito de aceite de oliva. Mezcla bien, así evitarás que se pegue y después añádelo a la fuente con los demás ingredientes de la ensalada.

Echa un chorrito de vinagre (según gusto) y un poquito de orégano. Mezcla todo bien y si quieres puedes tomarla ya, pero lo suyo es que la sirvas algo fría. Lo mejor será que metas la ensalada de arroz en el frigorífico una hora para que se mezclen bien los sabores.

Buen provecho.

sábado, 26 de mayo de 2012

SALMOREJO CORDOBÉS

El salmorejo es una crema que se sirve como primer plato, original de la zona de Córdoba, a base de tomate, ajo, miga de pan, aceite de oliva, vinagre y sal. Su consistencia es la de un puré (a diferencia del gazpacho que es normalmente líquido) y se suele acompañar añadiendo por encima huevo duro picado, jamón serrano picado y un chorreoncito de aceite de oliva.

Es, al igual que el gazpacho, una sopa fría de vegetales que se suele tomar bien fresquito en algunas zonas del sur de España en los meses calurosos de verano. Suele servirse en un recipiente de barro cóncavo; también en un bol o tazón.

Sobre incorporarle huevo debo decir, que en el recetario de antiguos cocineros se lo añadían crudo, y créanme que el salmorejo tomaba una textura envidiable y un sabor único. Hoy ante el temor de podernos contagiar con una traicionera "Salmonella" se ha ido desechando de la receta clásica esta costumbre.

No obstante, se sigue haciendo el salmorejo con huevo, pero se le incorpora frito o pasado por agua, siendo esta una excelente alternativa para evitar riesgos y a la par para enriquecer este elogiado plato tan nuestro en Andalucía.

Ingredientes (para 2 personas):
1/2 barra de pan asentado (pan de miga del día anterior)
50 cl. de aceite de oliva virgen extra
2-3 tomates grandes maduros bien "coloraos" (bien rojos)
1 diente de ajo
sal y un chorreón de vinagre de vino
2 huevos duros
2 lonchas de jamón serrano picado (o taquitos menudos)

Elaboración:
Cortamos el pan en trozos pequeños. Pelamos los tomates y los cortamos igualmente en trozos.

En un bol amplio mezclamos estos dos ingredientes para que el caldo del tomate empape el pan. Lo removemos de vez en cuando para que el pan se vaya empapando.

Mientras tanto, en una cazuela, ponemos a cocer dos huevos; pelar una vez cocidos y reservar. Uno lo vamos a utilizar para batir con el resto de ingredientes y el otro para decorar.

Pelamos un diente de ajo y le quitamos el germen para que no repita.

En el vaso de la batidora vamos poniendo el tomate, el diente de ajo picado y el pan, no todo a la vez (lo haremos en tres o cuatro veces) y vamos triturando a velocidad lenta, añadiendo más tomate y más pan hasta batir bien la totalidad de estos dos ingredientes. Nos irá resultando una pasta ya algo espesa.

A continuación añadimos un huevo duro picado, el aceite, un chorreón de vinagre y sal y seguimos batiendo, a velocidad lenta, hasta que comprobemos que el aceite ha emulsionado en su totalidad. Probamos y rectificamos en su caso de alguno de los ingredientes según gusto: aceite, vinagre o sal.

Lo metemos en el frigorífico, durante al menos una hora, para que esté fresquito a la hora de servir.

Se acompaña con jamón serrano y huevo duro picado.

Se le añade unas gotas de aceite de oliva virgen por encima (sin mezclar) y a comer.

Buen provecho.

martes, 22 de mayo de 2012

CARACOLES CHICOS EN CALDO CON HIERBABUENA

¡ES TIEMPO DE CARACOLES! Cuando se acerca la primavera y hasta mediados de junio los caracoles se convierten en una de las tapas más típicas y estacionales de los bares del Sur.

En Córdoba durante estas fechas es habitual encontrar en cualquier plaza un kiosco, carpa o puesto de caracoles donde la gente puede degustar y disfrutar de las distintas variedades que se ofrecen: chicos en caldo, picantones, cabrillas en salsa, caracoles gordos, e incluso los llamados afrodisíacos porque llevan un toque de canela.

En mi tierra, en Jaén, raro es el bar que no te ofrece en este época un vasito o tacita de caracoles chicos en caldo, con su toque de especias y hierbabuena, como tapa con la primera cerveza que te sirve.

Y es que la utilización del caracol como animal comestible es tan antigua como la misma humanidad, pues así lo atestiguan restos de fósiles encontrados en cavernas prehistóricas.

Los romanos fueron no solo grandes consumidores de caracoles sino también importantes criadores y se especializaron en la selección de los mejores especímenes para dedicarlos a la reproducción.

La Edad Media fue una época de apogeo del consumo de caracoles, entre otras cosas porque su carne sí era apta para el consumo en época de cuaresma. Se consumía en abundancia y en algunos monasterios era un plato habitual.

A principios del siglo XVIII su consumo desapareció de la mesa de los nobles. Fue un político y gastrónomo francés llamado Talleyrand quien volvió a ponerlos de moda. Surgió en una ocasión en que le pidió a su cocinero que los preparara para la cena que ofreció al Zar de Rusia. Y a partir de ahí su fama se extendió de nuevo por toda Europa.

En la actualidad el consumo de caracoles en España tiene un gran arraigo cultural ya que ha formado parte desde siempre de nuestra alimentación. Hoy en día constituye un plato típico e imprescindible en ciertas festividades, y es considerado un lujo en algunos restaurantes.

Los caracoles se preparan de muy diversas maneras dependiendo de la región.

Esta es la receta de los caracoles que ahora se degustan en los bares de mi tierra, con un caldo riquísimo, tan potente como el de un buen puchero.

Ingredientes:
1 kg de caracoles
vinagre
hierbabuena abundante
1 vasito de vino blanco (si es un buen vino fino, mejor)
1 cucharada de cominos molidos
1 cucharadita de pimienta negra en grano
2 dientes de ajo
4 guindillas cayena pequeñas
1 hoja de laurel
sal gorda
agua

Elaboración:
En primer lugar, lavar bien los caracoles procediendo del siguiente modo: en un barreño pondremos los caracoles con un poco de agua, un chorreón de vinagre y sal. Les damos varios enjuagues hasta que el agua salga limpia. Posteriormente terminaremos el lavado con agua clara sin sal y sin vinagre, repitiendo esta operación y cambiando el agua hasta que los caracoles estén bien limpios y no suelten babas.

En una olla colocamos los caracoles ya limpios pero aún vivos en agua fría que los cubra (de esta manera el caracol se relaja). Los ponemos a calentar a fuego muy suave, durante unos 30 minutos, para que saquen el bicho fuera de la concha. Para que no se salgan de la olla podemos poner un poco de sal en los bordes, o bien tapar la olla y vigilar de vez en cuando.

Es costumbre realizar esta misma operación poniéndolos un rato al sol y viendo cómo salen todos de su concha, momento este de ponerlos al fuego muy lento y esperar así que terminen de ir muriendo con el bicho fuera, o como se dice en mi tierra, en Jaén, “terminen de ahorcarse”.

Cuando estén fuera del caparazón avivamos el fuego, al objeto de que queden definitivamente con el bicho fuera. Seguir desespumando bien durante 15-20 minutos.

Una vez bien desespumados, tiramos ese agua y los volvemos a poner a cocer con agua limpia, añadiéndole los condimentos: los dientes de ajo pelados y golpeados, las guindillas cayena partidas, el vasito de vino, el comino molido, la pimienta negra en grano, varias ramas de hierbabuena, una hoja de laurel y sal. Dejar a fuego suave durante 25-30 minutos, desespumando cuando sea necesario.

Transcurrido el tiempo de cocción, apartar del fuego y dejar reposar al menos una hora para que tomen bien el sabor.

Servir calentitos.

Sugerencia:
Podemos añadir al caldo una pastilla de avecrem (en este caso, cuidado con la sal porque la pastilla ya lleva) y un poco de colorante alimentario.

Buen provecho.

sábado, 19 de mayo de 2012

GAZPACHO ANDALUZ

Quizás decir gazpacho andaluz, sea una redundancia, pues aunque ahora se puede encontrar en la carta de restaurantes de todo el mundo, el gazpacho es indefectiblemente andaluz.

El gazpacho, en verano, formaba parte importante de la dieta del campesino andaluz y el arte de prepararlo, corría parejo al arte del "majado" de sus componentes en el mortero, dornillo o almirez. En la actualidad, la batidora eléctrica ha simplificado enormemente su realización y se consigue hacer un magnífico gazpacho en un abrir y cerrar de ojos.

Ingredientes:
1 kg de tomates maduros (bien rojos)
200 gr de pan "asentado" del día anterior
1 pimiento verde pequeño
1 pepino pequeño
1 diente de ajo
100 cl de aceite de oliva virgen extra
3 cucharadas de vinagre de vino
sal
cominos (4 ó 5 granos)
una pizca de orégano o dos hojas de hierbabuena (según gusto)

Elaboración:
Escaldar los tomates, (menos uno que reservaremos para el picadillo), quitarles la piel y las pepitas. Trocear y echar a la batidora. Igualmente lavar bien y trocear 1/2 pimiento; pelar y trocear 1/2 pepino, al que habremos quitado las pepitas; la miga de pan mojado previamente y escurrida de agua; y el diente de ajo, al que le habremos quitado la radícula. Añadir todo a la batidora junto con el aceite de oliva, el vinagre, sal y los granos de cominos. A mí me gusta aromatizarlo con una pizca de orégano o bien unas hojas de hierbabuena. Pero esto queda a vuestro gusto.

Triturar bien con la batidora y pasar por el chino. Probar y rectificar de aceite, vinagre y sal. (Si se le añade aceite, se deberá pasar nuevamente por la batidora, ya que, de no hacerlo así, el aceite no se mezclaría bien).

Meter en el frigorífico para enfriar hasta el momento de servir. Presentar en un cuenco acompañando con una guarnición aparte realizada con el resto de ingredientes troceados en pequeños taquitos: el 1/2 pimiento, el 1/2 pepino sin pepitas y el tomate sobrante sin piel ni pepitas. También podemos agregar a esta guarnición unos tostones de pan frito a cuadritos.

Nota: Para que el gazpacho no se repita se ha de quitar la piel y pepitas al pepino, quitar igualmente la radícula al diente de ajo y añadir varios granos de cominos.

Buen provecho.